
El periodismo es una profesión muy competitiva. Pues es los mismos medios donde se trabaja que se forja la ideología del más fuerte y el más débil, al igual que en las cavernas. Pero las cosas han evolucionado, pues esta demostrado que las mujeres pueden cumplir las mismas funciones de los hombres en el campo laboral, pues somos iguales en inteligencia y fuerza. Ahora el dominio de los medios se hace por hombres y mujeres, pues el periodismo es un trabajo de intuición, y en eso ganan las mujeres.
Así mismo puede que en la actualidad el machismo se halla calmado, pero no esto quiere decir que se halla extinguido, pues son algunos periodistas de antes quienes perpetuán los móldelos patriarcales en los medios de comunicación, minimizando el poder de la mujer, relegando la a labores básicas, subestimando su inteligencia y rebajándola frente a sus compañeros hombres. Las mujeres periodistas no tienen tantas oportunidades como sus compañeros, a ellas les falta apoyo.
Aunque existen sus excepciones, como en los canales privados donde las caras en televisión nos hablan de un dominio femenino, detrás de esto hay un verdadero complot de cosificación y nada de trabajo profesional, pues ahora se confunden a las periodistas con las modelos de farándula, y no existe punto de comparación. El punto está en que con el creciente consumismo, las mujeres tienen el poder de vender más, de ser más persuasivas y confiables. Las mujeres tienen el don de hacer creer lo que quieran.
Aún así en otros campos, menos visibles del periodismo, las mujeres se codean con los hombres en el trabajo e incluso llegan a superarlos. Hay un número considerable de mujeres que optan por la comunicación social y el periodismo como su carrera profesional, y la cantidad es hombres es más bien pequeña. Por esto es que no hay un equilibrio entre las apariciones de las mujeres en los medios, y es donde nace el imaginario que la carrara de comunicación y periodismo es un territorio femenino.
Y no culpemos de esto solo a los medios, pues nosotros somos los culpables de nuestra pésima programación y de la calidad e periodistas que tenemos, como dicen los publicistas, es el público el que manda. La mujer y el hombre son iguales ante Dios y ante los medios, pero en que medida es real es algo que nos debemos cuestionar, pues no conocemos de su trabajo asignado, de los sueldos que reciben, del trato que tienen con ellos. Son muchos aspectos que vale la pena pensar. Pues no sería la primera vez que los medios nos hacen creer una realidad que no existe.
Imagén tomada de la página de internet: http://dianamaffia.com.ar/archivos/20061204224156-monografico-igualdad-185.jpg
Así mismo puede que en la actualidad el machismo se halla calmado, pero no esto quiere decir que se halla extinguido, pues son algunos periodistas de antes quienes perpetuán los móldelos patriarcales en los medios de comunicación, minimizando el poder de la mujer, relegando la a labores básicas, subestimando su inteligencia y rebajándola frente a sus compañeros hombres. Las mujeres periodistas no tienen tantas oportunidades como sus compañeros, a ellas les falta apoyo.
Aunque existen sus excepciones, como en los canales privados donde las caras en televisión nos hablan de un dominio femenino, detrás de esto hay un verdadero complot de cosificación y nada de trabajo profesional, pues ahora se confunden a las periodistas con las modelos de farándula, y no existe punto de comparación. El punto está en que con el creciente consumismo, las mujeres tienen el poder de vender más, de ser más persuasivas y confiables. Las mujeres tienen el don de hacer creer lo que quieran.
Aún así en otros campos, menos visibles del periodismo, las mujeres se codean con los hombres en el trabajo e incluso llegan a superarlos. Hay un número considerable de mujeres que optan por la comunicación social y el periodismo como su carrera profesional, y la cantidad es hombres es más bien pequeña. Por esto es que no hay un equilibrio entre las apariciones de las mujeres en los medios, y es donde nace el imaginario que la carrara de comunicación y periodismo es un territorio femenino.
Y no culpemos de esto solo a los medios, pues nosotros somos los culpables de nuestra pésima programación y de la calidad e periodistas que tenemos, como dicen los publicistas, es el público el que manda. La mujer y el hombre son iguales ante Dios y ante los medios, pero en que medida es real es algo que nos debemos cuestionar, pues no conocemos de su trabajo asignado, de los sueldos que reciben, del trato que tienen con ellos. Son muchos aspectos que vale la pena pensar. Pues no sería la primera vez que los medios nos hacen creer una realidad que no existe.
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